Papá -me preguntó el Silvio mientras subíamos al auto del Juanito
que nos dejaría en la escuela- ¿cómo suenan las gotas de lluvia en las fonolas ?...lo miré y
me vino un escalofrió.
Tengo trancas de pobre les digo a mis amigos. No como postre,
nunca había postre en mis almuerzos, odio el barro, soy un fans del cemento, el
olor a vino me aterra, una gotera me descompone el alma, una tetera negra me asfixia,
el vapor que sale del cuerpo cuando entramos a la casa me hace sentir mareo,
cagar en un baño de pozo me da miedo, tengo una fobia absoluta a los ratones y
las lauchas, odio el ulpo, sentir los pies mojados por los zapatos rotos me
entristece, trancas de pobre digo yo, recuerdos de cuando nacimos con mis
hermanos en la población Robinson Rojas de Renca, la toma de agosto del 73 uno
de los primeros campamentos, a un par de meses antes del golpe y la dictadura.
Todo eso se me vino a la memoria cuando el Silvio me lanzo a quemarropa
la difícil pregunta : ¿Cómo suenan las gotas de lluvia en las fonolas? Se me hizo un nudo en
la garganta, no sabía que decirle, no sabía que responderle. Suenan fuerte le
dije, suenan tan fuerte que a veces parecen granadas, pensé decirle eso pero
tiene 10 años. Solo terminé diciéndole que suenan fuerte y que no dejan dormir y
le conté que aún hay muchas familias que sienten ese ruido cuando llueve y que
tenemos que luchar para que eso no siga ocurriendo. ¿Y cómo se lucha ? Me contra
preguntó. Estudia le dije, sácate buenas notas, aprende, conoce, comparte, piensa
que te gustaría hacer cuando grande para que todos seamos mejores personas, - quiero
ser futbolista - me dijo - quiero ganar mucha plata y comprarte una casa grande
y un auto para que no tengamos que pedirle al tío Juanito que nos traiga, pero
además, voy a hacer un edificio gigante, un hotel gigante donde llevaré a todas
las personas que viven en la calle, así como el estadio del Víctor Jara - me
dijo.
Obviamente el fue más honesto que yo, no me dijo que quería
ser doctor ni arquitecto, ni nada, nada más…solo dijo que quería jugar futbol,
ganar plata y hacer cosas bonitas…y yo no fui capaz de decirle como suenan las
gotas de lluvia en las fonolas…me guardé la respuesta, la puse en mi corazón…no
podía decirle que suenan como balas, que se siente la rabia del cielo, que
sofoca el silencio de la noche y que no nos dejan dormir de puro miedo, que a
veces las fonolas salen volando, que se rajan, entonces queda todo al
descubierto, todo se moja…solo le dije suena fuerte…pero quise decirle que
suenan como los gritos de la gente en la marcha, como los gritos desesperados
por la injusticia, por la golpiza, por la desigualdad, por nuestros
trabajadores, que suena como el llanto de los niños, que suena como un montón de
caballos sueltos en la noche bajando de los camiones militares.
Tengo trancas de pobre, suena un poco resentido, pero es
cierto, he vivido mi vida tratando de no ser pobre y de darle a nuestros hijos
un buen pasar y dejarles un mejor país, pero ellos son más inteligentes que
nosotros, saben que eso existe, saben que no está pareja la cancha, saben que aún
quedan 30.000 familias que viven en campamentos y otras tantas de allegados,
donde el ruido de las fonolas es el monstruo del invierno, pero saben que
tenemos que seguir luchando, desde cada vereda, desde cada escenario todo suma,
tenemos que seguir aprendiendo para luchar con más fuerzas, tenemos que
organizarnos y trabajar mucho, hay que seguir luchando para que las gotas
desaparezcan de la noche, tenemos que golpear todas las puertas necesarias,
hacer de todos una gran fuerza, salir a la calle si es necesario, para que nos
escuchen como a las gotas en las fonolas, para que no nos inundemos, para que
no haya más barro, para que nadie se moje y pase frío, hay que lograr que la
lluvia caiga fresca en nuestros patios y riegue nuestras plantas, que lluevan
buenas voluntades para hacer mejores políticas sociales, que llueva mucha
esperanza, que llueva fuerte sobre nuestros ríos y que el agua sea de todas las
personas…para eso tenemos que organizarnos y seguir luchando.